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SANTA MARÍA DE BELÉN
Dios te Salve, Reina y Madre Nuestra.
Dios te Salve, celestial Reina terrena.
Madre de la ilusión humana, germen de la esperanza eterna.
A ti aclamamos, Señora de los Nacimientos.
Bendice este refugio de sueños
con el ensueño de tu presencia.
A ti suspiramos y en ti confiamos, Madre buena,
Déjanos ver con tus ojos para sentir la fe ciega.
Haz de nuestros dedos tus manos
para dar alimento al barro, endurecido, y despertar del letargo
a la inerte materia.
Bendícenos, acarícianos la frente aterida
con el calor de tus besos radiantes,
protege este refugio de voluntades.
Madre del hombre, Madre nuestra,
déjanos soñar tu sueño, albergar a Jesús,
a Dios Padre en nuestro pecho.
Nuestras manos, dulce Virgen María.
Lanzarán rayos de luz, como tu amor desde el cielo,
para romper la oscuridad de nuestra eterna noche.
La luz con la que te vemos, Madre.
Es invisible por la ceguera.
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