Una de las actividades que más se realizan en familia durante las fiestas navideñas es el proceso de montar el "árbol de Navidad".
Primero es la excursión de toda la familia para ir a comprarlo, eligiendo un tamaño adecuado para el salón y posteriormente se suele compartir entre todos la ceremonia de colgar de sus ramas el máximo número posible de bolas, campanillas, regalos, bombillas...
Cuando finalmente se procede a enchufar la instalación eléctrica, y lo vemos parpadear, es cuando percibimos que la Navidad se ha instalado en nuestro hogar.
Pero vamos a analizar, brevemente, de donde nos ha venido esta tradición, tanto de poner un árbol de Navidad, cómo de que éste sea un abeto o pino.
Entre el tercero y segundo milenio a.C se expandieron por Europa y Asia diversos pueblos indoeuropeos en los que, dentro de su cultura, tenía mucha importancia el roble, gracias a sus cualidades naturales idóneas para mantener y potenciar la vida vegetal y animal a su alrededor. Le dieron la denominación de "Dios Roble", asociado al dios del rayo y el trueno y más tarde, también se le asoció a Zeus y Júpiter.
El árbol sagrado por excelencia es el roble, pero en los lugares donde éste no crecía se eligieron otros propios de cada zona, así, en Cornualles el árbol sagrado fue la encina y el Germania el abeto.
En todo el continente europeo los aldeanos invocaban, a través de ofrecer algún regalo a los árboles, la acción de los espíritus para lograr la protección de los mismos para sus familias, sus propiedades, sus ganados y para conseguir cosechas abundantes.
Cuando a mediados del otoño las hojas del roble se caían, las culturas agrarias que lo adoraban, adornaban las ramas desnudas con telas de colores y piedras pintadas para hacerlo más atractivo y lograr así que volviera a las mismas el espíritu de la Naturaleza.
Ante un símbolo de hoja caduca por otro de hoja perenne, es por lo que el roble perdió corona a favor del pino o el abeto.
A partir del siglo VII San Bonifacio volvió a socavar todos los mitos y ritos de los germanos asociándolos a equivalentes cristianos y proclamó que el abeto era el "árbol del niño Jesús". La iglesia Católica dotó al árbol de un significado acorde con sus intereses, ya que señaló que la forma triangular que tiene representa a la Santísima Trinidad; el extremo superior del mismo representa a Dios Padre y los dos inferiores a Dios Hijo y al Espíritu Santo respectivamente.
A mediados del siglo VIII se cortó el primer abeto como un elemento cultural dentro de la celebración de la Navidad cristiana,
Al principio únicamente se colgaron de él dulces y frutas. Los adornos y las bolas llegaron en el siglo XVIII de mano de los sopladores de vidrio de Bohemia.
La implantación de esta tradición en los diversos países europeos fue haciéndose paulatinamente, en 1813 penetró en Austria, en 1820 en Polonia en 1829 en Gran Bretaña, en 1840 en Francia...
Una vez que llegó a Francia penetró lentamente a España por Cataluña a partir del primero cuatro del siglo XX. En España hubo grandes detractores de esta tradición como Dolors Cos en 1930 o Ramón Violant en 1948 que se quejaba de que mezclado entre los puestos de venta de figuras y adornos también aparecieran árboles de Navidad.
No obstante, y pese a las críticas que ha tenido, la moda del árbol de Navidad, popularizada por las películas norteamericanas, ha acabado por imponerse como tradición en todas las partes del mundo.