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   Los Regalos   


Durante las Fiestas de Navidad, un papel muy importante lo desempeñan los regalos.


Nosotros, muchas veces, y en multitud de ocasiones pensamos que todo el dinero que se gasta por este motivo es productos del consumismo, los grandes almacenes, etc...


Hacerse regalos por estas fechas no es una costumbre moderna, y vamos a recordar un poco, de donde viene, que por cierto, va a sorprendernos.


Desde la más remota antigüedad, el solsticio de invierno y el cambio de año fueron considerados como un tiempo en el que era obligado ofrecer obsequios a los dioses y a los monarcas, asi como intercambiar objetos entre amigos, familiares y vecinos, teniendo en cuenta que el obsequio representa un gesto emocional, con independencia del valor económico que pueda tener el obsequio ofrecido.


Por cierto, es muy importante que el obsequio lleve la marca personal de la persona que lo hace. Cuando los japoneses inventaron el papel decorado para envolver regalos querían demostrar que el ritual que rodea la entrega de un obsequio, desde el primer golpe de vista, debe estar presidido por la máxima belleza, delicadeza y personalización posible.


El acto de hacer regalos a los demás reside en el simbolismo que subyace bajo las celebraciones del solsticio de invierno, fecha en que hoy celebramos la Navidad. La generosidad que representa el retorno del sol y, con él, la inminente llegada de la primavera y sus dones de fertilidad agrícola y ganadera, se traduce en el intercambio de regalos que pretende informar y agradecer que el pasado haya sido propicio, compartiendo parte de los que se obtuvo con los otros y demandar a los dioses que el futuro sea tanto o más favorable que el pasado.


Este es el significado fundamental que tienen los regalos navideños; mantenerlo o recuperarlo, supone la diferencia entre un comportamiento consumista y absurdo y otro generoso que nos hace disfrutar más de cada regalo.


La costumbre de hacerse regalos como expresión de buenos deseos se remontar a los tiempos de la fundación de Roma a mediados del siglo VIII a.C.


Según la leyenda, Tatio, gobernante de Roma junto a Rómulo, recibió un feliz augurio mediante unas ramas cortadas en un bosque consagrado a la diosa Strenia que le fueron ofrecidas el primer día del año y, en conmemoración de este suceso Tatio promulgó que este gesto se convirtiera en una costumbre para lo sucesivo y, en honor de aquella diosa del bosque, denominó strena a este tipo de regalo.


Al principio, el intercambio de regalos consistía principalmente en ramas de árboles, sustituidas luego por figuras secas de miel, nueces, monedas de bronce, etc.


Las celebraciones en que los romanos intercambiaban los regalos fueron las Matronalia (1 de marzo), que era la fecha en que comenzaba el Año Nuevo y las Saturnales (17 de diciembre) que era la fecha en que conmemoraban el paso del Año Viejo al Nuevo. Esta fiesta, en el siglo I a.C ya duraba hasta el día 23 de diciembre.


Con el paso de los años, el simbolismo de los regalos fue evolucionando, debido en parte al espíritu práctico de los romanos y los regalos se fueron diversificando en función del poder adquisitivo de quienes los entregaban. Las ramitas de árboles y arbustos terminaron siendo un complemento a otros regalos más útiles y consistentes como dulces, frutos secos, telas, ...


El siguiente paso, para aquellas personas que podían permitírselo consistió en obsequiar con piedras preciosas o monedas de oro o plata, aunque sin olvidar las hojitas vegetales.


Una costumbre ancestral decía que nadie debía presentarse ante dioses, profetas o reyes sin llevarles un obsequio digno para su posición. Así, Calígula, durante las Saturnales se colocaba en la puerta de su palacio para recibir las estrenas que los romanos, en forma de monedas, le ofrecían en señal de buen augurio.


En Gran Bretaña, por ejemplo, desde muy antiguo, durante la Navidad, los monarcas, imitando a Calígula le pedían estrenas a los súbditos, principalmente a los nobles y el clero. Debía existir gran generosidad en estos regalos, ya que se cuenta que la reina Isabel I (1558-1603) tenía en las estrenas navideñas su principal fuente de ingreso para llenar su amplio guardarropa.


A medida que el Imperio Romano fue extendiéndose, lo hizo también la costumbre de intercambiar regalos. La fecha tradicional para realizar este ritual fue siempre el inicio del Año Nuevo, pero la Iglesia católica con el fin de cambiar el significado de todas las celebraciones paganas trasladó el intercambio de regalos al día de Navidad,


La celebración actual del Año Nuevo todavía se conserva, o se está recuperando en muchas partes retomando la costumbre de hacerse pequeños y simbólicos regalos que encajan perfectamente con el espíritu de la leyenda de Tatio.


Cualquier pequeño detalle, puede tener un nuevo matiz incorporándole una ramita de muérdago, verbena, laurel verde u olivo, que son los símbolos de la felicidad expresando que deseamos un feliz año a familiares, amigos y conocidos.


SERES FANTASTICOS QUE NOS TRAEN OBSEQUIOS




En todas las culturas ha existido, y sigue existiendo el intercambio de obsequios entre sus integrantes, e igualmente en todas encontramos muchas tradiciones que nos hablan de seres legendarios que tienen la función de abastecer de regalos a las personas y, en especial, a los más pequeños.


Todos los personajes fantásticos que vamos a ir detallando a continuación, llenan de magia el mundo infantil con sus anhelados regalos, que tan felices hacen a los pequeños como a sus padres, ya que aún habiendo olvidado el original significado de este prodigio es todavía un fuente de ilusión y esperanza.


Los espíritus de los bosques, en la Antigüedad, eran los principales protagonistas con respecto a la obtención de buenas o malas cosechas, siendo cumplimentados por los hombres, que incluso les dejaban obsequios junto a los árboles para propiciar su generosidad.


Con el paso del tiempo, estos espíritus comenzaron a obsequiar igualmente a los humanos. Esta inversión en el sentido de los regalos quizá tuvo lugar cuando los adultos comenzaron a perder la fe en ellos y limitaron sus regalos a dulces unicamente destinados a los niños.


En Dinamarca, durante el Juletide, los elfos dejan el desván de las casas atraidos por la leche o el puding que los pequeños de la casa les han dejado, en recompensa Julemanden , que viaja con su trineo, con un saco lleno de regalos, se muestra espléndido con ellos.


Los niños suecos reciben sus regalos de Jultomten que recorre el país en un trineo conducido por el macho cabrío de Thor, el rey del trueno. Su vestido rojo y su saco cargado a la espalda le hace recordar a Santa Claus.


Antes de la aparición de Santa Claus, en el siglo XIX, el encargado de traerles los regalos a los pequeños era el niño Jesús. En los países con tradición belenística, como España, el niño Jesús deja los regalos de Navidad durante la Santa Noche y los niños los encuentran a la mañana siguiente colocados junto al pesebre.


En los países occidentales, durante la Nochebuena, los niños dejan sus zapatos junto al balcón, junto a la chimenea o bajo el árbol para que Papá Noel les obsequie con dulces, frutos secos o juguetes. El 6 de diciembre san Nicolás ha hecho lo mismo en los Países Bajos y el 6 de enero los tres Reyes Magos repiten en España, México, Puerto Rico, Filipinas y algunas otras naciones latinoamericanas.


Los niños polacos en Navidad siguen recibiendo los regalos de las estrellas y los húngaros de los ángeles. Los italianos cuentas con un personaje propio, la Beffana que es una vagabunda que renunció a ir a Belén con los "hombres sabios" y luego se arrepintió de no haber ido y desde entonces va buscando al Niño sin éxito.


En los tiempos que corren, es importante que existan estos seres que, como hemos dicho, siguen trayendo magia e ilusión a los niños. Esperemos que se nos contagie esta magia también a los padres para, en esos momentos sentirnos otra vez niños y volver a vivir el nerviosismo de esa noche de espera de regalos.



 

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